miércoles, 8 de junio de 2016

a propósito de Los asesinatos de la luna de miel


Raymond Fernandez y Martha Beck se conocieron y se enamoraron en 1947 a través de anuncios de periódico destinados a sanar los corazones solitarios. Precisamente a través de estos anuncios era como Raymond Fernandez se ganaba la vida, conociendo a mujeres mayores a las que robaría todo su dinero al poco tiempo. Tras conocer a Martha (y debido a los celos que provocaban en esta el estilo de vida de su pareja), viajaron juntos a través del país haciéndola pasar por su hermana, dándole cierto aire de respetabilidad ante una, posiblemente, escéptica anciana pudiente. En algún momento la cosa se torció y Fernandez y Beck pasaron de la estafa al asesinato: veinte mujeres murieron en sus manos entre 1947 y 1949. El uno de marzo de este año fueron arrestados y, tras una cobertura mediática casi sin precedentes (y que hacía especial hincapié en la obesidad de Martha mediante una caricaturización grotesca contra la que la propia Martha protestó en repetidas ocasiones) fueron ejecutados en la prisión de Sing Sing el ocho de marzo de 1951. ¿Sus últimas palabras? Raymond Fernandez: "Quiero gritarlo en alto, ¡amo a Martha! ¿Qué sabe el público sobre el amor?"; Martha Beck: "¿Qué importa de quién es la culpa? Mi historia es una historia de amor, pero solo los torturados por el amor pueden entender lo que digo [...] estar encerrada en el corredor de la muerte solo ha reforzado mis sentimientos por Raymond".

Su historia fue recogida en Los asesinatos de la luna de miel, primera y única película de Leonard Kastle, que dedicó el resto de su vida a escribir y dirigir óperas. La película mantuvo un estatus de semioscuridad hasta su aparición en DVD a principios de este siglo a pesar de que François Truffaut la calificó como su película americana favorita. Los asesinatos de la luna de miel, a pesar de ser casi naturalista en su obsesión por ser rodada en las localizaciones reales, se toma numerosas licencias con el material original, destacaré dos: en esta película Martha Beck no tiene (o no se hace ninguna referencia a) ningún hijo bastardo y vive con su madre (en la vida real, Beck huyó de su casa en la adolescencia, después de que su hermano abusase sexualmente de ella y su madre la hiciese responsable [según su testimonio, claro]) y, más importante, es Martha Beck la que decide entregarse a la policía tras conocer que Fernandez le había sido infiel. Estas dos modificaciones (hay otras muchas de carácter más inocuo, por ejemplo, la decisión de ambientar la película en la "actualidad", finales de los sesenta, en lugar de los últimos años de los cuarenta, probablemente por razones económicas más que estilísticas) vienen a reforzar el trasfondo de historia de amor torturado, en palabras de Beck. Si la protagonista vive con su madre y no tiene hijos, es más fácil para nosotros pensar que es una mujer que nunca ha conocido el amor, una auténtica "corazón solitario" como la llamaron los periódicos de la época, y si condena a su novio y a ella misma a la pena de muerte tras una decepción con Raymond no cabe ninguna duda de que lo que hay en su corazón es, bueno, amor. Torturado, tóxico, por emplear la terminología actual, pero, definitivamente, amor.

Me parece muy interesante la obsesión que tenemos como cultura con las historias sobre parejas criminales y los pocos análisis críticos a las que han sido sometidas en estos tiempos de revisión del amor romántico en su sentido más tradicional. Existen, estoy seguro, cientos de ejemplos: Bonnie y Clyde, Malas tierras, Asesinos natos... por no hablar de la cantidad de historias reales que han retroalimentado esta tradición narrativa (con los propios Bonnie y Clyde, diría, como precursores, al menos a un nivel de fama). Supongo que lo que todos buscamos en este mundo es alguien con quien compartir los más íntimos secretos y con quien recorrer todo Estados Unidos asesinando incautos.

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