jueves, 7 de enero de 2016

a propósito de JFK


Existe una Verdad más allá de lo que nosotros conocemos. Esta Verdad es accesible a nosotros, pero está escondida entre millones de expedientes, actas, boletines y sumarios. Esta suerte de neo-neoplatonismo postmoderno tiene a su mesías perticular en la figura de Jim Garrison, fiscal de Nueva Orleans cuya cruzada contra la Versión Oficial, la Comisión Warren y, eventualmente, toda Persona Importante en los Estados Unidos por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy queda retratada en On the trail of the assassins (que en mi edición en castellano ha sido traducido por JFK) y en la célebre película JFK, de Oliver Stone. Garrison leyó todos los expedientes disponibles sobre el caso minuciosamente y detectó numerosos fallos a lo largo del arresto de Lee Oswald, el caso omiso a testigos que se apartaban mínimamente de la teoría del lobo solitario que dispara desde el almacén de libros de texto (y la posterior muerte en circunstancias sospechosas de muchísimos de estos testigos). La investigación le llevó a concluir que el asesinato había sido coordinado por Clay Shaw, jefe de la cámara de comercio de Nueva Orleans y presunto agente de la CIA (actualmente sabemos que, efectivamente, lo era), que Oswald era un agente secreto que había sido utilizado como cabeza de turco y que esta operación había sido llevada a cabo por todas las agencias de inteligencia de Estados Unidos, dominadas por interesas militaristas, para perpetuar la continuidad de la Guerra Fría. Garrison llevó a juicio a Clay Shaw, fue ridiculizado nacionalmente como un pirado y acusado de usar métodos ilegítimos para lograr declaraciones (en youtube hay varias entrevistas televisivas de la época muy interesantes); también movilizó una gran campaña de objetores de la Versión Oficial, entre los que se incluía el filósofo, matemático y activista Bertrand Russell, con el apoyo de los cuales el proceso pudo sostenerse. El jurado consideró que Clay Shaw era inocente y que las teorías de Garrison eran demenciales. Jim Garrison es, personalmente, un héroe, y por eso releo pasajes de su libro y vuelvo una y otra vez a la película, por ser un idealista que a pesar de recibir golpes de todos los lados y descubrir la cara más sucia de la política norteamericana no se dejó vencer por el cinismo y siguió creyendo en esa Verdad que, por un momento, el había estado a punto de tocar.

Pero hoy, siete de enero de dos mil dieciséis, es bastante irrelevante el quién o el por qué del comentadísimo magnicidio; Jim Garrison sigue siendo importante porque fue el primer hombre que captó la idea y el sentimiento general de descontento con el poder que habitaba en el inconsciente colectivo que culminó en el Watergate y, lejos de corrientes subterráneas (véase la Iglesia del Discordiandismo, cuyo texto fundacional fue fotocopiado para ser distribuido en la misma fiscalía de Nueva Orleans y muy relacionada con The Illuminatus Trilogy, una novela satírica en la que por primera vez se propone que el mundo está regido por una sociedad secreta llamada Los Illuminati), llevó el pensamiento alternativo a los hogares de todo Estados Unidos. Llevó la conspiración al mainstream, algo que todavía no ha cambiado. Sin el juicio a Clay Shaw no existe el Watergate, los thrillers de los 70, El arco iris de la gravedad, el movimiento truther sobre el 11S o el escándalo del NSA.

Precisamente Thomas Pynchon habla en su última novela, Al límite, de que más allá de la versión oficial, es mejor mirar "en los márgenes, en los grafitis, en las expresiones involuntarias, a la gente que tiene pesadillas y grita en sueños cuando duerme en espacios públicos". Mucho más interesante para entender el presente son los vídeos de JL de mundodesconocido.es que ver Informe Semanal. La moda de teorías reptilianas e illuminatis no hace más que evidenciar el problema actual de clases bajas que ven como, a pesar de un supuesto estado de derecho con las garantías que ofrece la democracia, son incapaces de mejorar su situación; de alguna manera como cultura sabemos que, sean extraterrestres o élites multimillonarias (algo, lamentablemente, mucho más probable), los representantes que elegimos no son los que gobiernan realmente. La extensión de las ideas sobre alienígenas ancestrales no es más que una búsqueda de alguna clase de sentido teológico en un mundo en el que el empirismo ha obtenido una expansión casi total. Nos entendemos a nosotros mismos a través de las conspiraciones que creamos, encontramos sentido a la entropía endémica del universo mediante relatos más o menos complejos que expliquen de alguna forma la cadena de causalidad. Jim Garrison pudo tener más o menos razón pero sacó a su país del trauma de la muerte de JFK y conjuró así nuestra moderna mitología, la última manera en la que nos hemos acercado a lo inabarcable del universo,

(pero lo de la bala mágica sí que no se lo cree nadie)

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